Nuevo Oratorio: Él te está esperando

       Él podrá estar con nosotros el tiempo que necesitemos. No desaprovechemos la oportunidad.

A lo largo de estos años como grupo, hemos crecido enormemente a nivel formación, apostolado, animación y espiritualidad. Nuestro camino espiritual ha sido marcado por los RMA (Rosario, Misa, Adoración) de los segundos miércoles de cada mes en la Parroquia Nuestra Señora del Valle en Yerba Buena, que también comenzaron a realizarse en El Corazón de María (a cargo de nuestro Padre asesor, Amadeo Tonello) en la capital de nuestra provincia. A su vez, como grupo, compartimos los martes de «adoración en casa», en los cuales miembros de todas las edades se acercan a compartir un momento con Jesús Sacramentado en nuestra sede. 

Hace algunos años se engendró el sueño de remodelar el oratorio de nuestra casa, a fin de que sea un espacio aún más acogedor, preparado para entrar en sintonía con Cristo. Con el esfuerzo de todos los padres, las madres, los profesionales del grupo, de Liliana y Valeria se logró un objetivo que quedará guardado para siempre en la memoria: la preparación un lugar donde podemos estar con Él a solas.

  En estos tiempos de pandemia, en los que no sabemos para dónde correr, o a quién recurrir cuando de verdad necesitamos a alguien que nos preste un oído, Jesús nos espera para que pasemos un rato con Él. Seguramente Él sabe por qué o para qué se está dando este tiempo de incertidumbre, y también sólo Él sabe cuándo se va a acabar. Solo debemos acercarnos y pedirle lo que necesitemos con fe.

  Así como los Apóstoles estuvieron al lado de Cristo escuchándolo, siguiéndolo y viendo sus milagros, nosotros también tenemos la oportunidad de estar a su lado, de hablarle y escucharlo. Porque así como se apareció a los discípulos de Emaús, en nuestro tiempo, también se aparece por medio de un simple pan y vino.    

  Jesús nos espera. ¿Qué esperamos nosotros para ir a estar con Él y darle las gracias por nuestra vida entera? Adorarlo con todo el amor, como Él nos sigue amando a pesar de nuestras caídas. No nos pide que seamos perfectos. Con un «sí» basta para que Él pueda actuar a través de nosotros.

Ya tiene un lugar especial en nuestra sede, ¿Vas a ir a compartir con Él? 

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