Detrás de un personaje, se vive la independencia

Aquellos que pudieron vivenciar la obra musical «Tucumán, la fe de un pueblo» dirán, como yo, que es difícil poner en palabras lo que se experimenta al ver un trozo de historia tan especial como el de la independencia, cobrar vida. A mi particularmente me tocó experimentarla desde lo que sin duda fue un gran desafío: representar a Doña Francisca Bazán de Laguna, dueña de nuestra querida Casa Histórica y quien abriría sus puertas a todos los congresales del país. Ponerme en la piel de semejante mujer fue un honor y puedo decir que en cada puesta en escena la emoción fue tal que más de una vez tuve que contener las lágrimas. «Tucumán, la fe de un pueblo» es más que una obra de teatro, es una experiencia. Al verla podemos comprender, podemos sentir todo aquello que sintieron quienes soñaron la libertad de nuestra querida Argentina; podemos ponernos en la piel de un Belgrano que veía la necesidad de apostar por su pueblo, un Bernabé Araoz dispuesto a apoyar la causa, un Padre Pedro Miguel Araoz confiando este gran paso, junto a todo el pueblo tucumano, a Dios y a Su Madre. Formar parte de «Tucumán, la fe de un pueblo» es una experiencia movilizadora desde donde lo vivas, ya sea como actor, panelista o escenógrafo, director o espectador. Es una obra que te hace sentir a flor de piel el orgullo de ser argentino, dejando la palabra libertad resonando en la mente y en el corazón, y reafirmando el compromiso que tenemos de ser día a día mejores ciudadanos. Y más aún, el deber que tenemos como cristianos de defender siempre la vida y la madre patria. 

Autor: Florencia Paz
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